“Estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón.” — Ezequiel 14:3
Después de que empezase la crisis económica mundial a mediados de 2008, se produjo una trágica serie de suicidios de personas que anteriormente habían sido adineradas. El director financiero de Freddie Mac se ahorcó en su sótano; otro ejecutivo se pegó un tiro sentado en su Jaguar rojo. Un amigo de uno de ellos dijo con tristeza: “Este asunto quebrantó su espíritu”. Las circunstancias recordaban desagradablemente a los suicidios que se produjeron tras el hundimiento del mercado de valores en 1929.
Ya en la década de 1830, Alexis de Tocqueville observó en América “una extraña melancolía que invade a sus habitantes… aun en medio de la abundancia”. Los estadounidenses creían que la prosperidad saciaría su sed de felicidad, pero dicha esperanza era ilusoria, porque los gozos incompletos de este mundo nunca satisfacen el corazón humano. Esta extraña melancolía se manifiesta de muchas formas, pero siempre conduce a la misma desesperación nacida de no encontrar lo que se busca.
Existe una diferencia entre la tristeza y la desesperación. La tristeza es un dolor para el que existen maneras de aliviarlo. Sin embargo, la desesperación es inconsolable, porque nace de perder algo esencial. Cuando usted pierde la fuente esencial del sentido de su vida o de su esperanza, ya no hay otras fuentes a las que recurrir. Esto quebranta nuestro espíritu. De Tocqueville dice que esta melancolía es el resultado de escoger “un goce incompleto de este mundo” y convertirlo en el eje de la existencia. Esta es, precisamente, la definición de la idolatría.
La Biblia afirma que el corazón humano es una “fábrica de ídolos”. Lo que Dios decía al señalar los ídolos en el corazón de los líderes de Israel es que el corazón humano toma cosas buenas —una carrera de éxito, el amor, los bienes materiales, incluso la familia— y las convierte en esenciales. Nuestros corazones las deifican como el centro de nuestras vidas, porque pensamos que, si las alcanzamos, pueden ofrecernos trascendencia y seguridad, tranquilidad y plenitud. El problema no está en las cosas mismas, sino en el lugar que les damos en nuestro corazón.
Reflexión del Día ¿Hay algo en tu vida —trabajo, relación, imagen, dinero— que, si lo perdieras, sientes que tu vida perdería todo sentido? Ese es un indicador de un posible ídolo.
🙏 Oración Señor, examina mi corazón hoy. Muéstrame las cosas buenas que he elevado al lugar que solo Tú mereces. Dame sabiduría para reconocer mis ídolos y valentía para enfrentarlos. Amén.